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Danzas y rituales de otoño, invierno, primavera y verano
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La naturaleza está en un ciclo constante: surge, brota, florece, se marchita, cae, desaparece, vuelve a surgir y vuelve a empezar. Se calienta y se enfría, se llena de luz y luego se desvanece en la oscuridad, una y otra vez.
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Todos estos cambios tienen un efecto permanente en nuestro humor, nuestro modo de vida, nuestro estado de ánimo, nuestras emociones y nuestro bienestar.
La mayoría de las veces ni siquiera nos damos cuenta, porque estamos acostumbrados a este ciclo en nuestras vidas, a veces sufrimos por el calor o el frío, nos deprime la oscuridad y a menudo anhelamos algo diferente de lo que tenemos.
Durante los actos de las danzas y rituales de otoño, invierno, primavera y verano, tratamos de sintonizar conscientemente con esta ciclicidad, comprenderla, aceptarla y convertirla en nuestra ventaja.
Cuatro veces al año -en los equinoccios de otoño y primavera, y en los solsticios de invierno y verano- nos reunimos, creando un espacio de celebración para honrar esta ocasión especial. Nos regalamos a nosotros mismos y a los demás nuestra atención, nuestro silencio y nuestro tacto. A través de la visualización, la relajación y el masaje, conectamos con nuestra fase natural actual y nuestra etapa de la vida. Utilizando nuestro movimiento, la danza, instrumentos de baja vibración, nuestras propias voces, el canto y otras herramientas, preparamos y vivimos un ritual más largo basado en gestos simbólicos para ayudarnos a cerrar la etapa vital anterior y volvernos receptivos y abiertos a la siguiente.